Insomnio, mi enemigo invisible

Historia contada por Luna
Foto de portada por Ben Blennerhassett en Unsplash

Antes de nada, quiero agradecer la oportunidad de contar con esta página en la que poder compartir experiencias y proporcionar ayuda.
En mi caso, sufro desde hace años insomnio, un problema que, según he podido comprobar, es bastante más común de lo que parece. La medicina convencional no suele ofrecer más que consejos generales y los temidos ansiolíticos o hipnóticos, que pueden generar tolerancia y dependencia. Los remedios naturales, como la melatonina, el magnesio o la valeriana, tampoco ofrecen mucho alivio cuando ya se lleva meses con este problema.
Así, las consecuencias —irritabilidad, cansancio extremo, desánimo, confusión, fallos de memoria y ansiedad— empiezan a acumularse y se convierten en obstáculos diarios.
En muchos casos, el insomnio es consecuencia de patologías que pueden diagnosticarse mediante pruebas médicas. Pero ¿qué ocurre cuando no es así? Entonces suele encuadrarse dentro del ámbito de la psiquiatría o la psicología, donde, lamentablemente, existen listas de espera muy largas y, una vez que se accede, el seguimiento suele ser prolongado y costoso.
Actualmente estoy investigando la influencia de la luz natural, la exposición a la luz azul y los ritmos circadianos. Me sorprende comprobar cuánto nos hemos alejado de los ciclos naturales y cómo el cerebro desarrolla cierta resistencia a apagarse y descansar.
No puedo ofrecer una solución definitiva, ya que, como he dicho, se trata de un problema cuyo tratamiento es largo y complejo. Pero sí me pregunto si no deberíamos prestar más atención a la prevención de esta enfermedad, que cada vez es más común.
En este sentido, existen evidencias importantes sobre el uso de pantallas antes de dormir, algo muy extendido hoy en día. También influyen de manera determinante el estrés y la ansiedad mantenidos en el tiempo, hasta el punto de formar parte de nuestra cotidianidad. Vivimos en una sociedad que reclama productividad y eficacia constantes, y eso genera grandes dosis de adrenalina y cortisol que nos invaden y que no resultan fáciles de disipar cuando llega la hora de dormir.
Podría extenderme mucho más, pero creo que es más efectivo reflexionar sobre las rutinas de nuestros hijos e hijas y preguntarnos cómo podemos evitar que mañana padezcan esta enfermedad que, desgraciadamente, no se cura con una pastilla y se deja atrás.

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1 comentario en “Insomnio, mi enemigo invisible”

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