Desde que recuerdo siempre he tenido dolores corporales, especialmente en la espalda por mi escoliosis. Ese dolor recurrente hacía que percibiera mi cuerpo como algo ajeno que me impedía llevar mi día a día, un dolor que hacía de frontera y me impedía identificarme con mi propia corporalidad y disfrutar de la vida. Por supuesto había días mejores y no siempre era tan extremo, pero si muy frecuentemente… Iba al fisioterapeuta, osteópata, médico chino… pero realmente no se solucionaba nada… también tenía la idea que se podía solucionar con un tratamiento concreto.
A los 17 años leí el libro Thérèse Bertherat “El cuerpo tiene sus razones”, y despertó una esperanza en mí. Fui buscando la forma de aprender antigimnasia con diferentes profesionales, incluso con la propia Thérèse Bertherat, los dolores lógicamente no desaparecieron, aunque si integré recursos para mitigarlos y sobre todo fue cambiando la concepción que tenía de mi cuerpo, de la escoliosis y del propio dolor.
Hoy en día el dolor no es una frontera que me aísla, es una experiencia con la que me adentro en mi cuerpo y puedo controlar con determinados gestos, movimientos y actitudes… No considero que padezca una escoliosis, tengo reconocida mi corporalidad con sus peculiaridades y necesidades, que atiendo en mi propia forma de vida y con una disciplina apropiada. Sobre todo, siento que el cuerpo no es algo ajeno de quien soy, vivo una continuidad en la que me cuido y cuido de lo que rodeo, con sus momentos buenos y no tan buenos.
Todo muy poco a poco, a lo largo de más de 20 años de estudio, disciplina y confianza. Un poco a poco que sigue caminando hacia el futuro…
Esperanza ante el dolor

Historia contada por Alejandro
Foto de portada por Pablo Heimplatz en Unsplash

Hace poco hice una sesión de antigimnasia, nunca lo había probado pero me hizo ser más consciente de cómo estoy de pie, y más cosas. Es muy, muy interesante.
Hola Alejandro: Gracias por compartir tu historia. Voy a probar con la antigimnasia a ver si me ayuda.