A mi corta edad, considero que la vida ha sido muy generosa conmigo. Hasta ahora no he vivido experiencias extremadamente duras. Sé que llegarán, porque forman parte inevitable de la vida, y sinceramente no sé cómo las enfrentaré cuando aparezcan. Pero quizá ahí esté la clave: entender que habrá cosas irremediables y que, aun así, tendré que atravesarlas. Tal vez esa aceptación sea lo que en su momento me sostenga.
También creo que ayuda aprender de las experiencias de otras personas, como estamos haciendo aquí. Y, sobre todo, el sentido que Dios da a mi vida. Sé que esa fe me ayudará cuando lleguen momentos difíciles.
Pero hoy quiero hablar de lo que sí he vivido.
La experiencia más dolorosa que he atravesado fue descubrir infidelidades por parte de mi pareja cuando tenía 24 años y estaba a punto de casarme. Viéndolo ahora con perspectiva, ya no lo percibo como un drama, pero en aquel momento fue profundamente doloroso. Y no fue tanto la infidelidad lo que más me hirió, sino descubrir que vivía una doble vida. ¿Quién era realmente esa persona? Eso generó en mí un miedo al ser humano que, incluso nueve años después, todavía me acompaña en cierto modo.
Lo que se rompió dentro de mí fue el sentido de la verdad. Dejé de saber qué había sido real y qué había sido mentira. Eso afectó mi capacidad de confiar en los demás. Gracias a Dios, no perdí el amor propio; al contrario. Pero sí perdí cierta seguridad, no en mí, sino en otros.
Y precisamente ahí está la respuesta a cómo logré superarlo: en el amor, empezando por el propio.
El amor propio fue lo que me sostuvo. Muchas personas podrían preguntarse: “¿Y si yo no tengo amor propio? ¿Cómo voy a superar algo así?”. Lo bonito es que el amor propio funciona en ambas direcciones.
Cuanto más amor propio tienes, más herramientas encuentras para superar situaciones difíciles. Pero también ocurre al revés: cuando la vida te pone delante algo injusto o doloroso y aun así decides elegirte a ti, tratarte con amor y cuidar tu bienestar, el amor propio crece.
Es un círculo que se retroalimenta: cuanto más amor, más fuerte te vuelves.
Si de algo puede servir mi relato, es de fe y de amor. Porque la vida traerá situaciones difíciles e injustas. Pero creo profundamente que actuar conforme al bien —no solo al propio, sino al bien en general, al amor y al amor al prójimo— es lo que nos ayuda a superar las cosas.
Y ese amor empieza por uno mismo. No desde el egoísmo, sino desde un amor sano, digno y verdadero. Ahí está la clave.
Al final, lo que nos ayuda a atravesar el dolor y seguir adelante es la fe y un amor que no se rinde.
Lo que la traición no pudo quitarme

Historia contada por Georgina
Foto de portada por Ronak Valobobhai en Unsplash
